8/7/13

Matrioskas, las muñecas rusas


Vladimir me regaló como despedida una muñeca rusa. “Matrioska –me dijo- una artesanía de mi país. Es un juguete, tiene una razón y una función, no es un souvenir”. Vladimir fue uno de los personajes más interesantes que conocí mientras organizábamos la Exposición Universal de Sevilla. Era un hombre sabio, matemático y filósofo, trabajando de comerciante, de aspecto impecable y unos ojos azules tan brillantes como tristes. Siempre me sorprendía, un día me hablaba sobre las obras de arte del Hermitage y otro me preguntaba la diferencia entre el capitalismo y la usura. Yo fabulaba pensando que, en realidad, era un espía. Sobre todo aquel día de otoño de 1991 en que me dijo, desolado, “me he quedado sin patria” (la URSS se disolvía como un azucarillo).

Las primeras matrioskas tienen más de cien años y se inspiraron en muñecas similares de origen japonés. Todas se construyen a partir de un mismo bloque de madera de tilo, se guardan unas dentro de otras, desde 5 hasta el número que se desee, siempre impar. La más pequeña es la única pieza entera. Son multicolores y diferentes entre sí. Todas son necesarias y hay quien quiere atribuirles simbolismo de fecundidad.

Con todo lo que acontece en estos días, cuando el Presidente de la Junta de Andalucía se afana en explicar como estrategia de renovación lo que parece una huída, cuando tenemos imputados a una lista interminable de altos cargos, cuando es inexplicable que la instrucción del caso ERE sea más larga que nuestra paciencia y cuando la derecha más dura desde la transición emprende su cruzada centralista contra Andalucía a lomos del recurso al Tribunal Constitucional (las oposiciones de los profesores, los medicamentos, el Guadalquivir, el decreto de la vivienda…), tal vez la respuesta a tanta podredumbre está en el enigma de las matrioskas.

Probablemente la respuesta a este derrumbe se encuentra en una opción confiable, honesta y fecunda. Una opción donde las piezas encajen unas sobre otras, como construidas en buena madera. Una opción en la que la diversidad sea riqueza y no obstáculo para la coherencia. Una matrioska imposible sin cada una de sus partes, tallada con la necesaria alianza entre las mujeres y los hombres progresistas, entre quienes defendemos la justicia social y la igualdad, entre quienes consideramos que los servicios públicos son nuestro patrimonio, entre clases medias y trabajadoras, entre quienes entendemos que la unidad no es el bipartidismo y sus pactos (135CE), entre quienes queremos poder ciudadano frente al poder financiero, entre quienes somos conscientes de que el sistema económico tiene que tener en cuenta los límites físicos del planeta, entre quienes sabemos que España es una entelequia como estado y que lo real son los pueblos que la habitan, con sus identidades y sus culturas. Una alianza como respuesta frente al enemigo.

Esa opción no es para crecer. Es para ganar. Esa es su razón y su función. Conservo mi matrioska completa y cerrada. Sé que sin cada una de sus partes está hueca y sé que sus partes separadas no son más que un pequeño puzle inútil. Sé que la unidad contiene el plural. Ella lo sabe también. Y sonríe enigmática.

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by Carlos Azagra